En 2017, vimos la visión de una minoría que quería dar marcha atrás a los Estados Unidos a la era de Jim Crow, donde reinaban las turbas multitudes y el terror, donde la discriminación por motivos de raza, religión, sexo, orientación sexual y país de origen eran tanto la práctica como la política, y donde la humanidad básica de nuestros conciudadanos fue negada. No debemos permitir que esto suceda.

Debemos optar por rechazar el odio, la intolerancia y el racismo. Debemos trabajar por la igualdad, la justicia y la libertad para todos los estadounidenses. También vimos en el 2017: clérigos, estudiantes y ciudadanos se enfrentaron a muchedumbres racistas, rechazando sus ideas, y denunciando el odio. Debemos seguir haciéndolo.

Y debemos elegir a líderes quienes lo hagan por nosotros; quienes hablen enérgicamente contra la odiosa visión de Estados Unidos que hemos visto en Charlottesville y en otros lugares.

No cabe duda de que nuestra historia es compleja; somos un pueblo imperfecto con un pasado imperfecto. Examinar nuestra sociedad, nuestra historia, nuestros privilegios y nuestros prejuicios no siempre ha sido un proceso obvio ni fácil. Para algunos, el odio y la intolerancia que se vio en Charlottesville fue un choque y una llamada de alerta. Para otros, fue una demostración de algo que ya se ha sabido por un tiempo: el racismo, la intolerancia y el odio siguen siendo fuerzas poderosas en la vida estadounidense.

Ahora se nos llama para proteger nuestros ideales estadounidenses fundamentales – la igualdad, la libertad, los derechos civiles y la democracia – y para garantizar que estos ideales definan nuestra sociedad. En el congreso, yo trabajaré para proteger los derechos civiles de cada estadounidense.

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