Nos enfrentamos a graves amenazas tanto en el exterior como en nuestro país, y no hay nada más importante que mantener nuestro país seguro.

La administración de Trump ha desmantelado al Departamento de Estado de los EE.UU., ha alienado a nuestros aliados y ha abandonado el papel de liderazgo que los Estados Unidos históricamente ha desempeñado. Este comportamiento destructivo llega más allá de cómo nos vemos en frente de los demás: se trata de la seguridad de los ciudadanos estadounidenses.

El burlarse de naciones volátiles no logra nada más que poner en peligro nuestra seguridad nacional. El atacar a personas debido a su raza o su afiliación religiosa viola nuestra constitución y nos distrae de las verdaderas amenazas a las que se enfrenta nuestra seguridad.

El Congreso debe actuar para retomar el papel en la política exterior y llenar el vacío diplomático que la administración ha creado. Personas calificadas, sin tener en cuenta su interés o afiliación partidista, deben ocupar puestos críticos, y debemos restaurar el financiamiento a los puestos avanzados que se enfrentan a una carencia de recursos en el país y en el extranjero.

Debemos trabajar para reparar nuestra reputación y proteger nuestras alianzas. Y debemos mantener nuestro enfoque en detener futuros ataques terroristas y otras amenazas en el mundo, incluyendo proveer a las fuerzas del orden con la capacitación y los recursos necesarios para prevenir el terrorismo.

Debemos darle prioridad al apoyo a nuestros hombres y mujeres que sirven en nuestras fuerzas armadas. Nuestras tropas ponen sus vidas en peligro diariamente, y merecen un gobierno que los honre por los sacrificios que hacen por nosotros. Esto incluye tomar todas las medidas necesarias para protegerlos en el extranjero y asegurarse de que reciban apoyo al volver al país. Debemos garantizar su acceso a la atención médica de calidad, oportunidades educativas, resolución de reclamos, y vivienda.

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